La
vida ahora es distinta, nunca oí a mi mamá preguntar por la sección de verduras orgánicas
o leches vegetales, tampoco se le ocurría que la gaseosa que servía en el termo
a las 6 AM sería un jarabe a la hora del recreo, o que podríamos partirnos la cabeza
al montar bicicleta sin casco y con pasajero a bordo en los maravillosos “tornillos”…
Tal vez era más práctica, tal vez no tenía tiempo de pensar en “bobadas”
o tal vez, sencillamente, jamás se le ocurrió.
Hoy
es diferente, nos preocupamos porque los alimentos estén libres de químicos y preservantes,
mantenemos largas conversaciones sobre qué leche vegetal será la mejor,
pagamos más por un huevo justificando que es criollo y su mamá gallina vive
en un enorme prado verde feliz comiendo maíz. No permitimos que prueben
la
sal hasta el año y lo que dice el pediatra es una ley irrefutable que ni las
abuelas con
toda su experiencia podrán contrariar, nos enfurecemos más con él si no contesta
el celular que con el marido aunque se pierda el día entero… así entre muchas
otras cosas nos movemos las mamás de hoy, quizá producto del miedo por este
nuevo mundo que necesita de un sistema inmune más fuerte, una sociedad
que
requiere de niños emocionalmente más resistentes, o por la información que antes
se mantenía oculta por falta de medios y hoy parece invadir las redes…
Pero
cuando abrimos los ojos y nos damos cuenta que tenemos un niño en crecimiento
al que no le importa si la manzana es orgánica, si el vaso es libre de BPA o su
tetero fue lavado con el jabón correcto, ellos simplemente están listos para devorarse
el mundo. Es entonces cuando nos alertamos aún más, nos ponemos la camiseta
y empezamos a preparar el terreno con un solo objetivo en mente: que este
pequeño y evolucionado ser pueda volar sin límites, crecer sin miedo, SER y
HACER
sin prejuicios.
Y
entonces… Llega la gran derrota disfrazada de paquete de papas y jugo en cajita, nos
invade una tristeza por haber perdido tantas horas de charla informativa sobre la
importancia de los alimentos saludables en su cuerpo, de la cantidad de nutrientes
que le permitirán tener el pelo como Rapunzel y los músculos de Hulk,
nos
preguntamos una y mil veces qué nos faltó y nos prometemos cambiar la estrategia…
y entonces logramos llegar a un acuerdo, tampoco queremos que la lonchera
de nuestro hijo sea el motivo de burla en el recreo, preparamos juntas un
sanduche en forma de estrella, empacamos fresa para la princesa, un bocadillo
que endulza su paladar mientras cuida sus dientes y finalmente recordamos esa
bebida de campeones que nunca tuvo pierde, quitaba la sed, era rica y hoy que
soy mamá me sigue dando lo que necesito: Vitaminas y nutrientes para mi
pequeña, en mi nevera pueden faltar los huevos pero no la Pony Malta!
Soy mamá abuela y bisabuela con 68 años tengo 4 hijas muy mayores,9 nietos la mayoría adultos y dos bisnietas aún muy niñas. A los 13 personajes primeros se les crió con loncheras caseras no hubo reparos para llevar al colegio y han gozado de una buena salud física y mental, las otras dos personitas están dentro de la lonchera de papas y refrescos en cajita, pero de verdad lo mejor de su lonchera si es la pony malta.
ResponderBorrarWow! una abuela muy joven y una bisabuela aun más joven, que suerte la de esos nietos y bisnietos... estamos de acuerdo la Pony Malta es seguir siendo la bebida de campeones ;) jejejeje
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