martes, 2 de mayo de 2017

SE CRECIÓ MI BEBÉ

Yo la sigo viendo diminuta, aunque ella me recuerda todos los días que ya es “un poco grande, un poco pequeña”. Dice tener 5 años aunque le falten meses para cumplirlos, y asegura que todos estamos equivocados con respecto a su edad. Que cuando sople la vela con el #5 ya todos estaremos seguros también.

 

Lo cierto es que cada día que pasa me siento menos útil para ella que ahora come, se viste, duerme y juega sola. Me siento feliz por el tiempo que me queda, pero una parte de mi quisiera seguir atendiendo sus llamados de ayuda.
Nicolás también la sigue viendo frágil y aún no se siente listo para soltarla del todo. Me pide que entre a las atracciones en las que tubos, piscinas de pelotas e incómodas escaleras que son parte de la diversión para que los PEQUEÑOS puedan correr, saltar, escalar e ir de un lado a otro sin problema. 
Yo, en cambio, no me puedo mover con facilidad. Mi elasticidad es mínima y el ejercicio hecho es el equivalente a una semana de gimnasio. La última vez juré no hacerlo de nuevo. Es hora de darnos cuenta de que ya no nos necesita. La próxima vez me limitaré a ceder el turno para que pueda evidenciar en carne propia lo que es su “frágil pequeñita” en el campo de batalla.
Nuestra pequeña, que es del curso de los grandes del jardín, pasará dentro de poco a ser parte del de los chiquitos de preescolar. Ya tengo en mente el plan de acción, que incluye comprar chaqueta y guantes para el frío de la mañana, levantada temprano para preparar un saludable menú y abastecerme de Pony Plus para que nunca falte en su lonchera. Estoy segura que físicamente está preparada: su sistema inmune podrá combatir el helaje de la madrugada, su mente responderá con atención a cada instrucción y su cabecita la mantendrá en la jugada a la hora del recreo…
Ahora me toca a mí. Me quedan duros meses de entrenamiento y tengo que prepararme para esta nueva etapa que es muy distinta a la que yo viví en su momento, no solo porque el mundo ha cambiado y porque los niños también lo hicieron, sino porque también será MI primer día. 
Ahora seré YO la mamá que vi tantas veces en el paradero abrazando fuerte a su hijito para contener el calor de su pequeño cuerpo. No soy yo quien subirá al bus y tendrá que hacer nuevos amigos, será ella solita quien librará la batalla lejos de mí. Auguro éxito total porque tiene a la mejor entrenadora de vida: yo, ¡su mamá!