viernes, 31 de marzo de 2017

BMX: ¡EL DESAFÍO PARA LAS MAMÁS DE LOS NIÑOS DE HOY!

Una vez más mi hija, Isabella, me ha retado. Su inagotable energía me invita a superarme día a día y las exigencias físicas que parecen abrumadoras, se hacen mínimas frente a la carga emocional que implica ser mamá.
Pensaba que el camino para llegar a ver un recital de ballet sería fuerte y riguroso. Con lo que no contaba es que Isabella decidiera reemplazar la trusa, zapatillas y tutú, por una bicicleta, casco y rodilleras. Jamás pensé que podría estar en un palco al aire libre disfrutando de un espectáculo entre montañas de lodo y curvas peligrosas.
En cambio, sí me vi sentada en un auditorio llorando mientras, con aplausos, aclamaba un dulce e inmaculado recital, no porque pensara que una cosa es mejor o peor que la otra, simplemente porque me quedé en el patinaje artístico y las clases de organeta. 
Eso de las ‘push bike’ y pistas de BMX eran una dimensión desconocida… ¡y qué regalazo el que me dio Isabella! Verla subir una montaña que supera las dimensiones de su pequeño cuerpo, oírla gritar de emoción al llegar a la meta, verla levantarse con el dolor en sus ojitos pero el alma fuerte y con ganas de más. Eso revela su verdadera pasión, lo que es y desea de verdad.
Lo que no sabe es que yo, desde las gradas, estoy viviendo la carrera más intensamente que cualquiera de sus competidores. Que si a veces me retiro no es para conversar con las demás mamás, es porque mis nervios han superado el límite de lo habitual.
Que la fuerza que hago por verla triunfar es más grande que la de sus músculos al pedalear, que puedo sentir el dolor de su caída y moriría por ir detrás suyo para atraparla antes de caer, que le daría la medalla de oro porque, independientemente del orden de llegada, cada día se ha superado a sí misma.
Al final de la clase se baja de su bici, se quita el casco y los guantes y me pide que le destape su Pony Plus, inocente de todo, ajena a la gran batalla que acabo de lidiar con mi instinto protector; se la entrego en sus manos y soy testigo de cómo ésta la ayuda a recuperar su energía y contribuye al refuerzo de sus defensas y recobra su vitalidad, en pocas palabras ella no sabe que lo que más me importa es que cuente con alimentos saludables y emocionantes, para que se siga divirtiendo haciendo lo que más le gusta.
Mientras esto sucede, yo, simultáneamente, vuelvo a mi centro y ahora que estoy de nuevo en paz me permito dar crédito a mi esfuerzo. Me aplaudo porque logré superar la meta que me impuse hoy: no corrí detrás de ella sujetando el sillín, hoy no avergoncé a mi esposo con mis alaridos de ánimo (y uno que otro producto del miedo). 
Hoy decidí aceptar su sugerencia de retirarme cautelosamente antes de entrar en pánico. Me siento orgullosa de mi evolución… Hoy lo hice mejor que ayer, y desde ya me preparo para lo que viene mañana..

http://www.ponymalta.com.co/ponyplus/bicicleta-para-ninas



lunes, 27 de marzo de 2017

QUE TIPO DE MAMÁ ERES????

Yo soy la mamá que no quiere jugar a las muñecas, pero disfruta enormemente dibujar y colorear. Voy con gusto a las piñatas, pero detesto cuando me toca pararme a participar. No me pierdo ninguna reunión del jardín, pero quisiera zafarme de las visitas al pediatra.
Quisiera ser fanática de la comida orgánica, pero el impulso me dura pocas horas. Promulgo la ley de un dulce al día, aunque a veces me acabo la bolsa de gomitas a escondidas. Promuevo dinámicas para establecer rutinas y con vergüenza reconozco que algunas veces me “olvido” intencionalmente de lavar sus dientes antes de dormir.
Soy una persona feliz con uno que otro mal momento, amo ser mamá y me siento orgullosa de mi trabajo, pero a veces quisiera poder pasar la carta de renuncia. Planeo con ilusión las vacaciones familiares y luego reniego el haber llegado más cansada de lo que me fui. 
Deseo ser una mamá tranquila y relajada, que regaña poco y besa mucho, pero en realidad soy una mamá enérgica que se preocupa mucho y duerme poco, que come sin reparo y entrena con pereza, que grita con fluidez y calla con dificultad… ¡esa soy yo! La mamá que le tocó a Isabella, la que la vida escogió para acompañarla en su paso por el mundo.
¿Por qué yo? Si mis gritos aturden y mis papillas apestan, si soy llorona y se me olvida hasta en dónde estoy parada, si entro en crisis cada vez que la oigo llorar. Y entonces me pregunto si esa mamá a la que admiro por su capacidad de mantener la calma a pesar de la pataleta también perderá la cordura de vez en cuando. Si el bebé de quien me deslumbra con sus dotes culinarios habrá alguna vez cerrado la boca con la firme intención de no recibir ni un bocado más; o si a aquella voz que oigo siempre hablar con dulzura y total entereza se le habrá escapado un alarido… estoy segura de que no hace falta responder. 
La vida, en su inmensa perfección, nos hizo mujeres dotándonos del más grande amor. No calculábamos su inmensidad hasta que tuvimos el privilegio de recibir el más importante y maravilloso título que jamás se nos podrá otorgar: MAMÁ.
Ese pequeñito ser nos enseñó que las lágrimas también son brotes de amor y alegría, que las rabietas nos desafían a ser mejores cada día, los abrazos son más dulces que los chocolates y un beso tiene poderes mágicos y sanatorios… soy la mamá de Isabella porque en mi enorme imperfección y la inmensa humanidad, soy la única que cumplió con los requisitos para tomar su mano y enseñar el mundo… jamás nadie en el universo entero la amará como lo hago yo.

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